Casco de Vallehermoso

Hablamos del núcleo principal de todo el municipio en cuanto a concentración de población y que le da nombre a todo el término administrativo, y en la actualidad actúa como centro comarcal de servicios para todo el noroeste. Alberga la mayor parte de los equipamientos municipales, así como un conjunto representativo de arquitectura tradicional potencialmente patrimonial.

El centro del pueblo se sitúa en la Plaza de la Constitución, de la que radian las cuatro calles principales, La Calle Mayor, Guillermo Ascanio, Triana y Pedro García Cabrera, a lo que se suman tres barrios contiguos, Los Rosales, La Ladera y El Palmar.

Dentro del conjunto central de casas tradicionales encontramos las de las calles de Triana y Calle Mayor, muchas de ellas protegidas legalmente y a la espera de futuras inversiones de rehabilitación. A su vez, encontramos la majestuosa Iglesia de San Juan bautista, uno de los mayores templos de la isla. Otro de los barrios más significativos por arquitectura es el del Palmar, en donde encontramos la casa natal del poeta Pedro García Cabrera, entre otras muchas casas representativas del estilo arquitectónico.
Se deben mencionar además edificios emblemáticos que han sido restaurados, como La Casa de La Cultura, El Hotel Triana, El hotel Añaterve (antiguo cuartel), o algunas casas particulares rehabilitadas en torno a la plaza de la iglesia.

En sus inicios, el actual casco urbano del municipio fue uno de los tantos caseríos dispersados que se establecieron por el barranco durante el siglo XVI. La construcción de dos ingenios azucareros facilitó la llegada de nuevos colonizadores europeos gracias a la presencia de nacientes con abundante agua y al exuberante bosque que proporcionaba madera.

Esta hacienda azucarera se ubicaría en la zona alta del valle y le diera el nombre de Barranco del Ingenio. La economía del azúcar propició un próspero crecimiento al núcleo de Vallehermoso, el cual entrado ya el siglo XVIII se había consolidado gracias a la llegada de población promovida por los señores de la isla para trabajar en las fértiles tierras de la cuenca noroeste.

Este siglo dorado del municipio destaca por el establecimiento de familias adineradas, la nueva economía vitivinícola, un relativo auge comercial y la consolidación del núcleo poblacional concentrado con casa de dos plantas donde abundaran las nobles maderas, los tejados, el encalado y el decoro de las fachadas. En las zonas algo más alejadas, como es el caso del Valleabajo, Morera o La Fortaleza, irían estableciéndose las clases más populares, cuyas construcciones seguían siendo de piedra, de una sola habitación y con techos de paja. Para el trazado urbano inicial del casco de Vallehermoso se tomó como modelo el de Las Palmas de Gran Canaria. Por eso tenemos dos barrios principales, Vegueta y Triana, que antiguamente estaban separados por un barranco, y ahora están conectados por la Plaza de La Constitución.

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